DE LA ACAMPADA A LA HUELGA GENERAL COMBATIVA, CONSTRUYAMOS UN FRENTE ÚNICO DE CLASE

En Liza defendemos que la respuesta a la crisis habitacional y al encarecimiento de la vida debe construirse mediante la unidad de clase y la organización sostenida, con el objetivo de impulsar una huelga general combativa.

El trágico desahucio y posterior fallecimiento de Maricarmen ha marcado un punto de inflexión en la percepción social de la crisis habitacional. Su caso es la consecuencia directa de un modelo económico en el que el derecho a la vida queda subyugado al lucro de fondos buitre, bancos y patronal inmobiliaria. La narrativa institucional pretende tratar la vivienda como un problema técnico, un simple desequilibrio entre la oferta y la demanda. Sin embargo, el análisis de clase evidencia una realidad incontestable: la vivienda es hoy un mecanismo de extracción de renta y empobrecimiento del proletariado. Los capitalistas extraen la plusvalía de nuestro trabajo y, después, nos cobran alquileres e hipotecas abusivas. La vivienda se ha convertido en un elemento de ahondamiento en las relaciones de explotación y dominación de las clases propietarias sobre la clase trabajadora en su producción y reproducción. Lo que antes se presentaba como una sucesión de casos aislados, es entendido hoy por una amplia capa social como un problema estructural que pone de manifiesto los intereses contrapuestos entre diferentes clases.

Por ello, entendemos la vivienda como un pilar central de la lucha salarial y de la carestía de la vida, no simplemente como un debate sectorial. En un contexto de creciente indignación social, la construcción de una huelga general está ganando protagonismo en el debate político. Cada vez más personas salen a la calle con la voluntad de cambiar las cosas de verdad. Sin embargo, para que esa voluntad se traduzca en resultados y la huelga pueda cumplir sus objetivos, es necesario prepararla con organización y estrategia. Una huelga general no puede consistir únicamente en fijar una fecha en las redes sociales o convocar una jornada sin contar con la participación y el apoyo de quienes tienen que llevarla a cabo.

Para que una huelga general consiga paralizar la actividad económica y tenga un impacto real en la sociedad, hace falta un trabajo continuado de movilización, debate y organización en los centros de trabajo, los sindicatos y los barrios. La urgencia de actuar no debe llevarnos a correr más de la cuenta ni a convocar movilizaciones sin la preparación necesaria, porque corremos el riesgo de desgastar las fuerzas de la clase trabajadora sin conseguir resultados significativos.

Desde Liza rechazamos cualquier postura purista o sectaria. Apoyaremos incondicionalmente cada convocatoria, paro y movilización que impulse el movimiento popular, pero aportando análisis estratégico: la huelga debe ser la culminación de un proceso de acumulación de fuerza colectiva y contrapoder, no un evento aislado. Sabemos que, en esta ocasión, ha respondido a la urgencia y a los tiempos mediáticos y no es el resultado de un trabajo de construcción desde la base. No puede limitarse a un desfile de banderas que actúe como instrumento de canalización del descontento popular para devolverlo finalmente a la casilla de salida.

DEMANDAS PARA LA UNIDAD DE CLASE HACIA LA HUELGA GENERAL

Nos encontramos ante una oportunidad que no podemos desaprovechar ni dejar que se desvirtúe tras los primeros pasos de la movilización. Para evitar que esta fuerza colectiva acabe diluyéndose en parches legislativos o promesas electorales que dejen intacto el negocio inmobiliario, es necesario articular la lucha en torno a una plataforma común de reivindicaciones de clase en toda su diversidad. Por ello, desde Liza reclamamos:

  1. Vivienda y bienes esenciales para todas. Desmercantilización de lo esencial. Destinar las viviendas vacías de bancos y fondos buitre al alquiler social, abolir el sistema hipotecario y cancelar las deudas, limitar los precios de la energía y los alimentos, garantizar servicios públicos universales y despenalizar la okupación.
  2. Salarios dignos y vinculados al coste de la vida. Vincular directamente los salarios mínimos y las prestaciones sociales al coste real de la vida, garantizados ya los bienes esenciales, para garantizar unas condiciones materiales dignas.
  3. Reparto del trabajo y reducción de jornada. Reducir la jornada laboral sin bajar los salarios, prohibir las horas extraordinarias y repartir el trabajo para garantizar el pleno empleo. «Trabajar todas, trabajar menos, producir lo necesario, decidirlo todo entre todas, redistribuir todo”.
  4. Derechos para las personas migrantes. Derogar la Ley de Extranjería, cerrar los CIE, acabar con la represión fronteriza y garantizar los derechos sociales y laborales de todas las personas, sin discriminación por su origen.
  5. Fin de la precariedad laboral. Derogar las reformas laborales que recortan derechos y precarizan el empleo, prohibiendo el negocio de las empresas de trabajo temporal (ETT).
  6. Reconocimiento irreversible de los derechos sociales, laborales y políticos adquiridos. Blindar las pensiones públicas, la sanidad, la educación y el derecho al aborto libre, así como los derechos de las mujeres, las personas LGTBIQ+, racializadas y con discapacidad, sin ningún tipo de discriminación por procedencia, identidad de género, orientación sexual, corporalidad y capacidad física o intelectual.
  7. Educación pública, de calidad y gratuita. Terminar con la precarización laboral del profesorado y el conjunto de trabajadoras del ámbito educativo. Limitaciones a las universidades privadas y asegurar el acceso libre del conjunto de la clase trabajadora a la formación universal, profesional y universitaria. Además de apuntalar la educación sexual, educación contra el machismo, el racismo y la LGTBIfobia.
  8. Libertades, huelga y derecho a la vivienda. Derogar las leyes mordaza, amnistiar a las personas represaliadas por luchar, garantizar el derecho a la huelga política y social, paralizar los desahucios e ilegalizar las empresas privadas o públicas de desokupación.
  9. Prioridad social y compromiso antiimperialista. Destinar el gasto militar a necesidades sociales, salir de la OTAN y acabar con el comercio de armas, desde una posición firmemente antiimperialista e internacionalista.
  10.  Control obrero y social de la economía. Garantizar el control sindical e independiente de los beneficios empresariales, los servicios públicos, los recursos esenciales y la fijación de los salarios.

EL FRENTE ÚNICO DE CLASE: UNIDAD DE ACCIÓN PARA LA VICTORIA

Instamos al crecimiento y fortalecimiento de los frentes amplios de clase desde los comités de huelga o de barrio, algo que dotaría de la capacidad de autoorganización y de autonomía a la clase trabajadora. Por su parte, el frente único combativo ha de ser su punto de apoyo para conseguir desbordar al capital y que no vuelva a repetir la deriva reformista e institucional.

Ninguna organización, sindicato o colectivo puede sostener ni puede pretender dirigir en solitario un desafío de esta envergadura contra el capital y el Estado. Debe ser, además, una herramienta imprescindible para frenar el auge de la extrema derecha y de las políticas imperialistas que nos llevan a la guerra. La preparación de una huelga general con garantías exige la articulación de un frente único de clase fundado en la unidad de acción y el respeto a la autonomía de cada espacio:

  • Los sindicatos combativos, aportando la capacidad de paralizar la producción, la cobertura legal en las empresas y las cajas de resistencia.
  • Los movimientos sociales, las asambleas de vivienda y los sindicatos de barrio, garantizando la extensión del conflicto al territorio, la paralización de desahucios y la autodefensa comunitaria a pie de calle.
  • Las organizaciones políticas revolucionarias, que debemos ofrecer análisis de coyuntura, perspectiva estratégica y salvaguardar la independencia política frente a las instituciones.

Sabemos que el camino hacia nuestra emancipación como clase es largo y complejo. Esta huelga general no supone el final del conflicto, sino el primer gran paso de una clase trabajadora que se reorganiza para recuperar lo que le pertenece. Frente a la dictadura del beneficio, la especulación y la violencia institucional, sabemos que no hay atajos: solo la lucha colectiva nos permitirá avanzar.

La lucha es el único camino, y esta huelga general es solo el primer paso en la construcción del poder de clase necesario para conquistarlo todo.

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