Contra la agresión imperialista en Venezuela: guerra al imperialismo, lucha de clases y solidaridad internacionalista.

La nueva estrategia estadounidense para el continente americano ha comenzado. Durante la pasada madrugada, aviones y helicópteros de los EE.UU. han llevado a cabo bombardeos a bases militares y centros gubernamentales en Venezuela, mientras fuerzas especiales secuestraban a Nicolás Maduro y su esposa. Durante estos meses el imperio llevó a cabo el mayor despliegue naval desde la Guerra del Golfo de 1991, posicionando en el Caribe hasta el 8% de su flota mundial de guerra. La nueva versión de la «guerra contra el terror» y la propaganda comunicativa aterriza en Latinoamérica vinculando durante meses narcotráfico y terrorismo, y generando una narrativa legitimadora para intervenir militarmente. 

La agresión directa contra Caracas y el secuestro de un presidente de gobierno de América constituyen un salto cualitativo en la doctrina de intervención estadounidense. La renovada ‘Doctrina Monroe’, reflejada en la nueva «Estrategia de Seguridad Nacional» de noviembre de 2025, trata de asegurar la preeminencia de los Estados Unidos en el continente Americano. Se trata de un mensaje claro dirigido a toda América Latina, y especialmente a los gobiernos y fuerzas de la izquierda institucional y populista: o se alinean sin fisuras con los intereses del capital estadounidense, o cualquier intento de establecer acuerdos energéticos, militares o estratégicos con potencias rivales como Rusia o China será castigado con la violencia, la desestabilización interna y la imposición de élites afines a la clase dominante transnacional.

No se trata de una guerra contra el narcotráfico; se trata de una estrategia y una agresión imperialista que intenta reordenar la jerarquía internacional al completo, con el fin de asegurar la hegemonía estadounidense que ahora le disputa el gigante chino. Ya en los años 80, EE.UU financiaba la contrainsurgencia nicaragüense con la venta de droga. Por lo que el narcotráfico es su excusa para agredir y mantener convenientemente controlado el que ha considerado siempre su «patio trasero». 

Estamos ante una Operación Cóndor 2.0., que pronto atacará al resto de las izquierdas revolucionarias de todo el mundo, donde cada uno de nosotros somos su objetivo. Una nueva operación más agresiva y explícita que las injerencias anteriores de EE.UU en el continente; con legitimidad para bombardear de manera directa un país soberano de América. Esta se desarrolla en un contexto de hegemonía estadounidense en decadencia y de disputa interimperialista en un mundo multipolar. Antes de lanzarse a nuevas aventuras imperialistas en Asia contra China, el imperio necesita asegurar su retaguardia latinoamericana.

Al mismo tiempo, señalamos que esta agresión externa se entrecruza con contradicciones internas en Venezuela. Todo apunta a que la captura del presidente podría haber contado con la colaboración de sectores del aparato militar, lo que confirmaría una injerencia imperialista combinada con fracturas internas del régimen. Esto abre un escenario de disputa entre, por un lado, un proyecto abiertamente seguidista del imperialismo y, por otro, la posibilidad —aún por construir— de una recomposición socialista revolucionaria desde abajo, basada en la autoorganización de las clases populares, hoy profundamente erosionadas debido al bonapartismo, la represión y las políticas antiobreras del propio madurismo durante años.

Desde nuestra organización socialista libertaria, situada en el Estado español —actor de segundo orden dentro del entramado del imperialismo estadounidense— denunciamos con firmeza la nueva escalada de agresión contra Venezuela y, por extensión, contra las sociedades de América Latina. Esta ofensiva no puede entenderse como un hecho aislado ni como una supuesta guerra contra el «narcotráfico», sino como lo que realmente es: una estrategia imperialista de dominación, castigo y reordenación regional. 

Como socialistas libertarios no apoyamos ni al imperialismo ni a los regímenes autoritarios que, bajo una marca “antiimperialista”, reprimen a la izquierda y a la clase trabajadora. Nuestra posición es clara: guerra al imperialismo, lucha de clases y solidaridad internacionalista. Solo la autoorganización popular, independiente de los intereses del capital, podrá abrir una salida emancipadora frente a la barbarie imperialista y sus gestores regionales.

Llamamos a la movilización internacional frente al neofascismo internacional liderado desde la entidad estadounidense, su ofensiva militar imperialista, su persecución armada contra las minorías. Y en especial contra las personas migradas, y su injerencia en la política exterior en apoyo de los, según ellos mismos, «partidos patrióticos» en Europa. Urgimos en la necesidad de un frente antiimperialista común, de clase, que se prepare para plantar cara a la nueva ofensiva capitalista en forma de militarización, guerra y persecución. Organizarse ahora es más urgente que nunca. El mañana es nuestro compañeros, pero solo si luchamos por él.